viernes, 15 de agosto de 2008

Música, eclecticismo (IV). Los 90 y los 2000

En los 90 no se hizo música. Eso pensaba yo hasta hace no demasiado tiempo.

Realmente la "gran música" que me gustaba, el rock sinfónico de los 70 o al menos el pop elaborado y preciosista de los 80, habían dejado de hacerse. Nos encontrábamos con un mundo lleno de sintetizadores e increíbles equipos y aparatos para hacer música, y sin embargo la creatividad decaía a niveles bajo cero.

Eso pensaba y creo que eso es lo que pensaría cualquier persona que hubiera escuchado música como yo, y que en los 90 se dejara guiar por lo que se escuchaba en la radio y en la tele. Prácticamente nada, solo la longevidad de algunos grupos como U2, Dire Straits y Simply Red, o los incombustibles Sting y Peter Gabriel, alimentaron el pop-rock de esta época, pero por lo demás... muchísimo abuso de la tecnología, músicos que sin necesidad de saber música o de dominar un instrumento grababan discos con un nombre hoy y mañana con otro, pero nada de grandes bandas. Y realmente no habían grupos dominantes, o alguien puede decir que super-banda hubo en los 90?. Yo no, desde luego.

Un día (a mediados de los 90) viendo un Discoplay, encontré que habían incorporado una sección que se llamaba "Nuevas Músicas" o algo así. Era la New Age, y por las descripciones de los discos, la temática, instrumentación, etc. me parecía algo novedoso y que tenía que escuchar. Entonces compré mi primer CD de David Arkenstone: El "Citizen of Time". Y mi sorpresa fue tan mayúscula como re-descubrir la música, la gran música, después de más de una década pensando que esa música sinfónica y grandilocuente, elaborada, escrita en partitura, con arreglos y abundancia de instrumentación, era cosa del pasado. Y sin embargo, seguía viva.

Vale, de acuerdo, había mucho sintetizador y bastante artificio, pero el sonido era maravilloso, la armonía y la melodía bien elaboradas, y el resultado, una obra que me cautivó. Entonces ya cada vez que recibía un Discoplay me iba directamente a esa sección, y mi siguiente adquisición fue el "Trilogy" de Andreas Vollenweider. Nunca había pagado tanto por un CD hasta la fecha, era un triple en una lujosa caja con libreto que pagué en pesetas y ya valía una pasta... Mereció la pena, realmente es de los mejores discos que he comprado en mi vida, y además de la abundancia de sintetizadores, también hay abundancia de instrumentos acústicos, y como no, el arpa (las arpas) mágica de Andreas Vollenweider. Aún hoy sigo escuchándolo y me sigue emocionando casi como la primera vez.


Después de esto compré algunos discos recopilatorios, discos de "Nuevas Músicas" en las que descubrí artistas o grupos en los que más tarde traté de profundizar y conocer. Músicos como Medwyn Goodall, Terry Oldfield (conocía a Mike 25 años atrás y sin embargo nunca había escuchado hablar de su hermano), Bernward Koch, Enya (a la que ya conocía años atrás), Mike Rowland, Stephen Rhodes...

Pronto iba a conocer las series de Narada, que era la casa discográfica con la que grababa Arkenstone. Descubrir Narada (de hecho uno de los primeros recopilatorios que tuve se llamaba "Discover Narada") es descubrir un mundo lleno de sensaciones, sentimientos, espacios para recrear la mente, el oído y el espíritu.

Por entonces ya existían cosas como Napster, Audiogalaxy y programas peer-to-peer que te permitían saciar tu sed de música, y en mi caso saciar la necesidad de conocer todo lo que se hacía en New Age. Hubo unos años en que apenas escuchaba otra cosa. Esta música es puro Tai, es música que te hace sentir bien, cómodo, relajado, sin estridencias, casi haciéndote renegar de que has sido Crimsoniano o Floydiano (que también te puede relajar, pero a veces alterarte hasta niveles difíciles de sobrellevar).


Luego empecé a conocer músicos como Chris Spheeris (solo o con Paul Voudouris), para mi una de las cimas de la melodía en el rock de todos los tiempos, Keiko Matsui, Kitaro, Tingstaad y Rumble, Acoustic Alchemy, Craig Chaquico o William Ackerman, en los que la New Age y el jazz se funden en una misma música.

Y esa misma onda de la New Age me llevó a abrirme un abanico de música hasta entonces inimaginable. Desde el Cirque du Soleil (primero descubrí la música y luego el espectáculo), Bel Canto, Enigma... y por derivación, la música Ambient, re-descubriendo a Brian Eno -músico que siempre me había interesado pero en el que no invertí más que lo necesario para descubrir que sus colaboraciones con Robert Fripp no iban a ser la música de mi vida...-, Harold Budd (y por deriva, Cocteau Twins), John Hassell, Amon Tobin, Bill Laswell, Jah Wobble, Eric Truffaz, Michael Brook, A Reminiscent Drive, Future Sound of London, Delerium, Magenta, músicas que ya estaban más bien bordeando el House o el Lo-Fi, Dzihan & Kamien, William Orbit, The Cinematic Orchestra...

La cuestión es que al cabo del tiempo, con esta música, acababas de nuevo enlazando con el jazz, esta vez más de carácter experimental: el jazz europeo protagonizado, sobre todo, por escandinavos: Terje Rypdal, Nils Petter Molvaer (con su fabuloso Khmer), Arild Andersen, Ketil Bjornstaad... En definitiva, que estaba descubriendo música como para deleitarme durante años.

Lo increíble, lo que nunca imaginé, es que el círculo se cerraría de nuevo en los últimos años descubriendo toda una nueva hornada de músicos que hacen rock sinfónico, la que parecía música olvidada, ahora interpretada por grupos de cada uno de los rincones del mundo, a veces con más, otras con menos acierto, pero siempre con la buena intención de hacer de nuevo una música sinfónica e instrumentalmente muy trabajada.

Y por último, muchos grupos que en los 90 o en esta misma década, me pasaron desapercibidos, con músicas variopintas, desde lo sinfónico a lo gótico, el pop, el rock, la elecrónica (Bark Psychosis, LCD Soundsystem, Lindstrom, Love is Colder than Death, Andrew Bird, Black Tape for a Blue Girl, los artistas de Morr Music, Opeth, Blackfield...) los he descubierto ahora, cuando la tecnología nos ha permitido conocer tanta y tanta música que antes nos estaba prohibida, porque por mucho que pagaras, nunca había dinero suficiente para investigar y descubrir las toneladas de buena música que realmente nunca se ha dejado de hacer.

En los dos últimos años me he dado el gustazo de poder escuchar bandas como Acetone, ACT, Afterlife, Agalloch, Ain Soph, Air, Anekdoten... por poner algunos ejemplos con la "A", hasta llegar a escuchar (y a veces conocer) cientos de Cd's diferentes, música que jamás habría comprado porque en esta vida hay que ser muy selectivo cuando tienes que pagar 18 euros por un Cd, pero afortunadamente no hay que serlo tanto para probar de todo un poco cuando puedes descargarlo.

NOTAS

Mi colección de vinilos tiene unos 600 volúmenes, y en Cd al menos 250. Lo advierto para que nadie piense que escuché tanta música porque el Mp3 se descarga gratis...

Las ilustraciones que aparecen son las portadas de los siguientes discos:

-David Arkenstone: Citizen of Time (1990)
-Andreas Vollenweider: The Trilogy (1991)
-Narada Decade (recopilatorio aniversario de los 10 años de este magnífico sello, buena manera de adentrarse en la mejor música New Age)
-Chris Spheeris & Paul Voudouris: Europa (1995)
-The Cinematic Orchestra: Ma Fleur (2007)